Madrépora Editorial ha sido creada por Rocío Fuentes y Carlos Estela…

  • 7. Amo a la gente. A todos. Pienso que los amo como un coleccionista de estampillas ama su colección. Cada historia, cada incidente, cada pizca de conversación es material en bruto para mí. Mi amor no es impersonal, tampoco es totalmente subjetivo. Me gustaría ser todos, un lisiado, un moribundo, una  prostituta y luego volver para escribir sobre mis pensamientos, mis emociones como aquella persona. Pero no soy omnisciente. Tengo que vivir mi vida y es la única que siempre tendré. Y no puedes contemplar tu propia  vida con curiosidad objetiva todo el tiempo…

    [fragmento de Sylvia Plath’s Unabridged Journals 1950-1962. traducción: carlos estela]

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    niñosdelaltiplano

    A Luis Xxxx con especial distinción intelectual. Lima 1979. J. Portugal, así reza la dedicatoria de mi más reciente pesca submarina: Niños del Altiplano de José Portugal Catacora, un educador puneño, discípulo de José Antonio Encinas, autor de varios textos para estudiantes en los que rescata prácticas sociales tradicionales, flora, fauna, magia de la meseta con el lago más alto. Relatos étnicos es la nomenclatura con la que especifica el género en el subtítulo.

    Lo hallé entre rumas empolvadas. Siempre lo mejor en remate. Entre sus páginas avizoraba la promesa… palabras, prácticas, conceptos del mundo aymara que desconocía: chijma, lari, qepi, huichuña… que quizás se encuentren en desuso por significar retraso para algunos muchos. Narra las costumbres y el sentir altiplánico desde el enamoramiento, la concepción, el nacimiento… con naturalidad.

    Puedo imaginar a partir de los retazos. Por los demás títulos desperdigados… revistas de etnografía, geografías de Puno, compendios históricos del sur peruano… imagino la biblioteca de Luis Xxxx, violentada por los descendientes y peseteada al borde del Rímac… Así, una de las esquirlas, una pieza arqueológica, llega a mis manos y se abre toda una puerta.

    No sabía nada de Portugal Catacora. Hoy, día del libro, tomo el suyo y cuento su trayecto hasta mí sin resistirse; este objeto anticuado y eterno es la llave. No conozco mucho de la incansable gesta del profesor Portugal por legar a sus estudiantes un hilo hacia sus orígenes, hacia la construcción de su identidad, hacia la justa medida de las maravillas que el ser humano puede lograr más arriba de los 4000 metros, allí “donde los hombres blancos creen que los “indios” viven como bestias.

    Existe un blog sobre Portugal; visítalo aquí.

  • novedades en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires : edición bilingüe de la poesía de Arnaldo Antúnes por la editorial Caja Negra.

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    Quizás algunos recuerden su voz gravisisísima contrastada con el terciopelo melódico de Marisa Monte en algún tema de Tribalistas. Menos -los mayores- traerán a su memoria los rockeros años de Titas, grupo que catapultó la fama de Arnaldo Antunes fuera de su país: Brasil. Muy pocos conocen su intensa actividad poética incansable y fuera del libro.

    Antunes es músico, poeta, performer… una mezcla exacta & alegre de artista que solo puede ser brasilera. En Perú lo conocimos hace algunos años aquellos seguidores de la inspiradora revista Tsé-tsé (Buenos Aires) de Reynaldo Jiménez, a través del legendario dossier brasilero aparecido en su octavo número. Poco tiempo después, Rey me hizo escuchar en su casa algunos discos de Arnaldo y me mostró algunos libros maravillosos. Debe haber pasado más tiempo del que creía puesto que me grabó la banda sonora para un espectáculo de danza del grupo Corpo en un…

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  • Fotografía de Rodrigo Moya
    Fotografía de Rodrigo Moya
    Ayer leí en el muro de Alicia Meza, a propósito de la partida de Gabo, una sensación que comparto:
    «Es curioso, pero creo que si se muriera Mario Vargas Llosa no lo sentiría tanto como siento la muerte de García Márquez. Pero eso es algo muy personal, en realidad.»

    Estas palabras hicieron eco en otros lamentos semejantes en las redes. Americanísima saudade porque la despedida se hace con la sonrisa dibujada en gratitud por el amor recibido. De Varguitas diremos que es correcto, efectivo pero seguirá siendo siempre un fútbol del hemisferio norte. Gabo, quien ganó el Nobel antes de que se lo entregaran a Obama, aprendió a contar de anónimos y destiló a partir de ellos un lenguaje para describirnos (que quizás algunos convirtieran en una retórica latinoamericana de lo anecdótico, lo exótico). Varguitas hizo lo propio pero desde el óvalo y la gente lo nota. Tengo la impresión de que es más chamba que genio. Amo sus arquitecturas que me hacen pensar en iglesias del medioevo pero me hubiera gustado menos su alineamiento a la diestra y su consecuente relación actual con el mercado del libro. García Márquez no se avergonzó de su terquedad y eso lo hace tan nuestro. Imagino que cualquier fulano o mengano hubieran querido tomarse unos tragos con él. No sé qué habrá pensado de Arguedas pero sospecho que no lo hubiera calificado de arcaico.

    Porque Gabo fue de verdad, creo, la gente lo llora cantando hoy.

  • un día como hoy, 9 de abril, en el año de nuestra independencia, nació Charles Baudelaire, el rey de los poetas…:

    «aquello creado por el espíritu está más vivo que la materia»

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    En 2007, entre las esquirlas de las páginas culturales del diario comerciante, una entrevista a Sybila Arredondo*, la última pareja de Arguedas. El entrevistador -un viejo desde el vientre- muy interesado en sustantivos propios, pregunta: ¿Quiénes diría usted que eran sus mejores amigos del ambiente de la literatura?

    “Ambiente de la literatura” se fija en mi mente y casi puedo escuchar una voz grave, pastosa salir de una boca que huele a formol y sahumerio. Ante esto, la jugada limpia, calmada y sencilla de Sybila quien le suelta un poco de la “carne” que alimenta al periodista, los nombres literarios, pero también de científicos sociales, lingüistas, educadores PERO, revueltos, los músicos y qué músicos, contracadémicos: Máximo Damián, Jaime Guardia… a quienes admiraba y de quienes fue amigo Arguedas.

    No podemos negar la legitimidad de su curiosidad, sin embargo, me hubiera gustado que le preguntase una de estas: ¿Por qué cree usted que la obra y la figura de Arguedas no ocupa la dimensión que verdaderamente posee? ¿Por qué no existe un busto en alguna avenida que lleve su nombre (actitud que tanto le ha complacido a este país para recordar lo ¿memorable?)? ¿Qué clase de mezquindad o de interés ideológico o político persiste para evitar que el año de su centenario no sea consagrado oficialmente a su nombre? ¿Por qué el “ambiente literario”, que los intelectualoides contra los que habla Reynoso insisten en mantener, no acepta que no ha habido trayectoria literaria parecida en nuestro país que culminara, como la arguediana, en un maravilloso desafío estético y social como El zorro de arriba y el zorro de abajo?

    *En: “El Dominical. Suplemento de El Comercio” Lima, 27 de mayo de 2007.

  • … y acorde final con las seis voces sonoras de la guitarra limeña afinada entre dos manos ardientes; árbol de savias tibias y nido hondo para el sueño de los gorriones enamorados del alba. Acorde con la octava alta que marca el índice aprisionando el mástil como un puente de sangre encendida, puente idéntico al que salta la guitarra dislocada del río para transportar sus voces hondas de naranjos y de malvas. El río es la guitarra templada para el seis por ocho de marineras y festejos; la voz de arcilla y de metales agudos, va orillando la fiesta que danza su danza en el “palmero, sube a la palma”, en el “romero, santo romero”, en la aclimatada saña norteña que tiene sabor de amanecer galaico, de copla que repite: “al undeiro le da… al undeiro le da…

                                                                       * * *

    Las palabras quieren traducir el contenido, la esencia del gesto. La búsqueda del perfil propio va dejando una estela de emociones, una ráfaga de sonidos, de ritmos y en la trayectoria dilatada va quedando el alma viva, el acento inconfundible de lo limeño. Acento definido en el pregón herido de lejanías; en la pupila expresiva de aceites oscuros de la tapada tradicional; en el adobe de las tapias como ríos disecados; en la voz unánime de la muchedumbre desbordando los cauces de la superstición y de la fe; en la hierática tristeza del habitante secular desconcertado de inesperadas transformaciones; en la síntesis armoniosa de dos culturas, de dos sangres, de dos mundos.

                                                                       * * *

    Y está el acento en la síntesis, que no en los valores aislados de lo español y de lo autóctono. Está en la confluencia del pasado y del presente, en la forma criolla y mestiza que habla de un idioma propio, distinto y nuevo. El acento nos llega desde el fondo de los siglos y encarna, en transmigración de maravilla, en las voces vivas del presente. Negar lo que se fue quedando atrás es como tener los ojos ciegos para lo que está siendo, para lo que está naciendo con destrucciones y muertes se tiñe la flor abierta donde alienta, anida y se refugia el gesto. La flor que es afirmación y es síntesis. Por eso es válida la conjugación de todas esas voces y aun de la voces remotas que apenas conservan una amenguada resonancia en el tiempo. Y el tambor nervios del caballo de paso, que golpea la tierra como el corazón pequeño de los pájaros, se confunde en la noche con los timbales que marcan su galope sordo desde la colina suave del Campo de Marte sobre la muchedumbre silenciosa, mientras el rasgo nuevo concurre a la definición vigorosa del gesto.

    El río hace rodar su rueda de agua desde los cerros altos hasta el mar. Y en cada vuelta de su rueda habla la Ciudad del Rio Hablador.

                                                                       * * *

    Los olivares reproducen la densa tonalidad de las aguas profundas, con las mismas sales y los óxidos que medran en la plata vieja. Los olivares de troncos dolorosos tienen la edad incalculable de los metales soterrados bajo los muros donde las penas se duelen de su olvido. En el tronco nudoso, desordenado, arrugadísimo, queda inscrita la partida de nacimiento de la Ciudad del Río Hablador. Verde como la carne traumatizada del Cristo agobiado de ex votos y de púrpuras, la mancha brumosa de los olivares extiende un espejo antiguo donde parecen estarse mirando los siglos. Los olivares son los árboles que nadie ha visto nacer, que nadie sabe cuándo reverdecen, que están siempre viejos, con una senilidad que toca los límites del prodigio hay un aliento de austera y depurada nobleza en esa fronda que es como un humo de piedras, como un rebaño de elefantes dormidos; en esa fronda grave y somera de los olivares que tiene algo de árboles traídos desde la luna y trasplantados y aclimatados sólo en las tierras nostálgicas, en las tierras lunares. Por eso tienen ásperos troncos atormentados y dan un fruto oscuro y amargo, pequeño, nocturno, triste, negación de lo que los demás frutos de Dios representa y sugieren. Y hay un dejo de tierra seca en toda la planta inevitablemente centenaria, un sabor de cielo nebuloso y seco también, de taciturnidad de indio reconcentrado y gitano melancólico. Que por algo vinieron de tierras donde los llevó, a su vez, la morería, con los acentos del “cante” y la sombría adustez de la raza crecida sobre la yerma y parda extensión de las arenas del desierto.

                                                                       * * *

    He aquí la síntesis, el acorde, la voz aislada y acaso desapercibida donde se funden todas las voces. He aquí la alegoría, el signo individual que concreta y reúne los otros rasgos, las líneas dispersas del gesto. En el árbol cargado de años está la representación del espíritu y el acento de la sugerencia permanente, algo así como el símbolo totémico de la Ciudad del Río Hablador. El hombrecito anónimo ha visto el árbol, se ha mirado en él como en un espejo de plata verde. El caballo de barro llena el valle de su casco numeroso, de su espuma de sutiles encajes, de su relincho que tiene un sonido de conchas que se quiebran. Y en esa identificación del hombre y el paisaje, en ese equilibrio de los colores y de las formas, del idioma del agua y de los nombres que va diciendo el viento; en esa multiplicidad de ángulos, de latidos, de ritmos que se funden en un solo compás, en una sola voz única y duradera, enriquecida de sus propios ecos, yo encuentro el gesto de mi ciudad.

     

    César Miro. La ciudad del Río Hablador. Lima, Editorial Nuevos Rumbos. Col. Escritores de Lima. 1959. pp. 89-93

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    Mauro Flores Hilario, maestro canteño del arpa, bautizado por Josafat Roel Pineda como QoriMakis (manos de oro) hace un reclamo en esta añeja entrevista para el extinto programa radial Culturas Vivas.

    Este miembro del Conjunto Nacional de Folklore de la Escuela J. M. Arguedas donde ejerce la docencia desde los setentas, además de deleitarnos con versiones de clásicos como El cóndor pasa, La flor de la canela mediante sus dedos andinos, recuerda idílico el tiempo en que el arpa brillaba con pureza protagónica.

    Hoy es difícil encontrar discos en los que el arpa andina se exprese sola, en toda su dimensión, parece inevitable la intromisión de percusión electrónica o las cuerdas de bajo eléctrico pero también las letras…

    Escucha al maestro

    Don Mauro se toma unos segundos para dirigir un reclamo mayor, antiguo pero que debemos dejar vivo:
    “…nuestros padres de la patria que sufren el síndrome del colonialismo o complejo de superioridad que discrimina nuestra raza indígena, nuestro idioma oficial. Es verdad que da vergüenza.”

    Aquí en su blog hay un poco más de información.

    *El programa Culturas Vivas fue dirigido por Marino Martínez Espinoza y July Sánchez Fuentes

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    austeros wankas enrostran semejantes & sólidos su paso de bombo de aquello que yo nombro al aprender o aprendo al nombrar donde mi cetro es trombo que estorbo turba que tumbo como tus capitanes & sus crines sus cascos y el barro que aterro rebuzno ruedo entre los!

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    El verso breve se une a la ola de espuma su prójimo serpenteante latente en piedra bajo tierra carbonizado el avance pero dinámico progreso dinamita de Basilisco que guardo desde que hace más de una década, desde que Alfonso D`Aquino la sembró entre mis libros… cuando nuestros destinos se cruzaron alrededor de César Moro…

    Desde allí vuelven los versos niños, duendes, reptilianos latidos como el tambor del centro de la Tierra… su luna me da paz y la lección de lo concreto y como un barniz de pasado, de sabio pasado perenne & probable en el bosque que desde hace algunos años escogió como hogar.

    Hoy regresó a esta mano marina este brevario verde escamoso a cambiar probable su piel milenaria mientras devuelvo esta botella repleta de su palabra.

    10 (serpigo)

    Crótalo atroz
    Oculto tras la flor

    (Pero también la víbora      se llena de gusanos
    las moscas depositan           sus huevos en la herida
    abierta de la nube   que nunca cicatriza
    las larvas comen hilos         deshacen los tejidos
    colgados de su baba                        los gusanos linguales
    vermiformes y verdes         invaden sus pulmones
    garrapatas y nódulos          filarias en las venas
    oclusiones y vómitos            pedacería de estrellas
    y la víbora entera     podrigorio del alma
    se persigue y no alcanza     ni a tocarse la cola
    ni recobra su forma                        ni tampoco su sombra
    que en el cielo se bate         en su blanca diarrea
    y retiembla la perra                        en su sueño de piedra
    si en su boca mordida         azulea mi saliva…)

    19

    En el vidrio azul
    la sombra del niño
    se volvió otro niño

    Niño con espejo
    dando  vuelta al quiosko
    entre jacarandas
    que el vidrio refleja
    aparece un rostro

    ¿Qué va en el espejo?
    Las estrellas… Lejos…

    La luna en el agua
    el niño la mira
    y escupe en el vidrio
    y su mano borra
    el cielo y su cara

    ¿Qué ve en el espejo?
    Par de ojos tan viejos…

    Animal
    No hay palabras escupo
    La calma de la hoja
    Salitre entre las piernas
    Esta saliva roja

    A tus cuencas vacías
    Que nunca se humedecen
    Mi saliva se anuda
    Sus mandíbulas crecen

    Lo mismo dice y calla
    Esta saliva espesa
    La humedad y el esfuerzo
    De una rota certeza

    Espejo negro y rojo
    En que mi lengua lavo
    Te digo           No te digo
    Sólo a mi muerte le hablo

    Y suben por los árboles
    O bajan por mis piernas
    Las de fuertes mandíbulas
    En sílabas idénticas

    Son las raíces rotas
    O es la negra saliva
    De este animal enorme
    Que sólo escupe hormigas

     Alfonso D’Aquino  (Ciudad de México,1959)
    Ha publicado los siguientes libros de poemas: Prosfisia (1981, Taller Martín Pescador, Premio Carlos Pellicer), piedra no piedra (UAM, 1992), Tanagra (CNCA, 1996), Naranja verde (Vuelta, 1996, reedición en la colección La Centena, 2002), Briznas (1997), Víbora breve (1999, ambos editados en el Taller Martín Pescador) y Basilisco (Ediciones Sin Nombre, 2001).

    Ha participado en varios libros colectivos, entre los que destacan: Nu/do.Homenaje a J. E. Eielson (more ferarum, 2002) y Monogramas (Universidad Veracruzana, 2005). Ha traducido, entre otros, a Kenneth Rexroth y a Forrest Gander, con quien colaboró en un proyecto de traducción mutua. También ha publicado algunos libros para niños, como Luciérnagas (tmp, 1999) y Fauna Mayor (CIDCLI, 2001) y editado varios otros. Desde 1997 es miembro del Sistema Nacional de Creadores, Fonca. A partir de 1999 ha coordinado el Taller de Poesía y Silencio. Desde hace algunos años vive en un bosque en las afueras de Cuernavaca. (fuente original)